Mis manos se aferran a su cuerpo, el abrazo tan fuerte, cierro mis ojos con fuerza tras decirle lo mucho que la quiero.
—No, no agradezcas, al contrario, soy yo la que te agradece por aguantarme —sus besos y sus caricias en mi cabello hacen que chille más fuerte—, no estás sola mi vida, hay muchas personas que están dispuestas ayudarte.
Una voz en el fondo de mi ser me dice que no puedo permitirlo porque eso será una catástrofe.
Me alejo de ella tras limpiar mis lágrimas. Lucero se queda observ