Alim detuvo el automóvil en seco apenas vio el cuerpo desplomado sobre el asfalto ardiente.
Sin perder un segundo, abrió la puerta y corrió hacia la joven.
Se arrodilló junto a ella mientras el intenso calor parecía salir del mismo pavimento.
—¡Señorita! ¿Puede escucharme?
No obtuvo respuesta.
Con delicadeza apartó el cabello que cubría parte de su rostro.
Entonces sintió un vuelco en el pecho.
—No puede ser...
La reconoció al instante.
Era imposible olvidarla.
Aquella mujer había llegado semana