Tristan caminaba de un lado a otro, inquieto como una pantera suelta, envuelto en un frío ominoso. Johnson se puso de pie a duras penas, aferrándose a la manta con manos temblorosas. «Señor Ashcroft, ¿qué está haciendo?».
Los guardaespaldas de Tristan permanecían preparados, sin dar señales de marcharse. Tristan se acercaba paso a paso, aterradoramente como un demonio salido directamente del infierno.
Agarrando a Johnson por el pelo, los ojos de Tristan reflejaban una furia incontenible, y su v