Mundo ficciónIniciar sesiónPunto de vista de Clairessa
Cogí el móvil de la mesilla y entrecerré los ojos por la luz brillante de la pantalla. Tenía varias llamadas perdidas de Adrian que me retorcieron el cuchillo que ya tenía clavado en el pecho. Yo pensaba que él era el amor de mi vida, el hombre con el que me casaría y al que me entregaría la noche de bodas. Pero todos esos sueños se hicieron pedazos cuando lo pillé en la cama con otra tía. Mis dedos se quedaron suspendidos sobre el registro de llamadas, pero no fui capaz de escuchar los mensajes de voz. Tiré el teléfono sobre la cama, con el dolor de su traición todavía fresco. Anoche intenté olvidar lo que había visto, pero seguía ahí, latente bajo la superficie, listo para arrastrarme otra vez hacia abajo. Jess se sentó a mi lado, observándome. —¿Estás bien? —preguntó bajito. —No lo sé —respondí con voz baja—. Me siento… hecha un lío. Acabo de ver las llamadas y los mensajes de Adrian y ahora me siento como si le hubiera puesto los cuernos. Joder… me siento igual que él. Jess negó con la cabeza. —No, tú no eres como ese capullo. —Sí que lo soy —murmuré, agarrándome la cabeza mientras me venían más recuerdos de las manos y los labios de Gabriel. —Claire… —Jess me cogió por los hombros y me sacudió un poco—. Tú no eres como Adrian. Lo que pasó con Gabriel fue una reacción a lo que te hizo ese cabrón. Tú no tienes la culpa. —Pero sí la tengo —gemí—. Tú me advertiste que me alejara del tío peligroso del club, pero no te hice caso. Lo seguí hasta un pasillo oscuro y nosotros… nosotros… —se me quebró la voz mientras intentaba recomponer lo que había pasado—. Creo que follamos… no estoy segura. Todo está borroso. Ahora me arrepiento de todo… Mi primera vez, con un desconocido, en un puto pasillo. —¿Estás hablando de Gabriel? —preguntó Jess, insegura. —Sí… Gabriel. Creo que ese era el nombre que me dijiste. Jess me dedicó una sonrisilla sabedora. —Tranquila. No creo que llegarais tan lejos. Sus hombres vinieron a buscarme al club. Me dijeron que te habías desmayado en sus brazos. —¿Estás segura? —pregunté, con el pánico subiéndome por la garganta. Las imágenes borrosas que tenía en la cabeza no encajaban. —No sé todos los detalles, pero no creo que pasara lo que tanto temes —me tranquilizó Jess—. Ahora mismo lo importante es que te prepares. No dejes que lo de anoche te joda tu primer día en el trabajo de tus sueños. —Mi trabajo de ensueño es en la empresa del padre de Adrian. Y después de todo esto… ya no sé si podré —admití, sintiéndome destrozada. Jess me miró con comprensión, pero luego dio una palmada fuerte para sacarme de mis pensamientos. —Has currado mucho para conseguir este puesto. Pasaste todas las entrevistas y pruebas, y ahora tu app, esa cosa de asistente, va a revolucionar el mundo empresarial. —Te refieres a mi Hart App —la corregí, sabiendo que Jess no terminaba de entenderlo—. Es una aplicación que ayuda a las empresas a organizar todos sus datos en un solo sitio. —Vale, vale —dijo Jess moviendo la mano—. Esta es tu oportunidad de subir como la espuma y presentarle la app al CEO para que la financie. No dejes que un gilipollas te arruine todo lo que has estado currando desde la uni. Se acabó el lamentarse, Claire. Ve y demuéstrales quién manda. —¡Tienes razón! ¡Que le den a Adrian! —exclamé, sintiendo una oleada de energía—. Me lo he ganado. Nadie allí sabe que salíamos juntos. Voy a demostrarles que pertenezco a Storm Innovations. La determinación que necesitaba volvió de golpe. Salté de la cama y corrí a la ducha, dispuesta a quitarme la resaca y todo el peso emocional. Después de ducharme, me planté delante del armario sin saber qué ponerme. Hoy tenía que causar una impresión fuerte. La antigua Clairessa habría elegido algo sencillo, pero hoy cogí el vestido azul marino ajustado que Jess me regaló por mi cumpleaños. Ese vestido gritaba confianza y poder. Esta era la nueva yo, no la chica a la que habían puesto los cuernos y traicionado. Ya vestida y lista, me encontré con Jess en el salón. —¿Qué tal estoy? —pregunté, alisándome el vestido. Jess sonrió de oreja a oreja y me levantó el pulgar. —Pareces lista para comerte el mundo. Ve y arrásalos. Respiré hondo, cogí el bolso y salí por la puerta decidida a dejar el pasado atrás… al menos por hoy. Cuando llegué a Storm Innovations, me recibió Sandy, mi jefa. Fue muy amable y me presentó al equipo con una sonrisa cálida. —Dentro de poco tenemos una reunión con el CEO —me dijo mientras caminábamos por las oficinas modernas y elegantes. El corazón me latía a mil por la emoción. Trabajar en una de las mejores empresas tecnológicas siempre había sido mi sueño. Adrian me ofreció una vez concertarme una reunión privada con su padre para presentarle mi app, pero lo rechacé. Quería ganármelo por mí misma, no por ser su novia. Por eso solicité el puesto y me presenté al concurso Storm Generation. Era solo para ingenieros de la empresa y el proceso era durísimo, pero lo conseguí. Era como un sueño hecho realidad. Mi objetivo era ganar el concurso, presentar mi app y conseguir financiación. Según nos acercábamos a la sala de juntas, la ansiedad me subió por el cuerpo. Entré y me senté mientras todos se acomodaban. —Vamos a sentarnos todos. El señor Storm llegará enseguida —dijo Sandy sonriendo y tomando asiento. Todo el mundo se calló y una ola de nervios me recorrió entera. Por fin iba a conocer al padre de Adrian. Se me hizo un nudo en el estómago. Esperaba que no fuera como su hijo mentiroso y traidor. Pero nada de eso importaba… solo necesitaba financiación para mi app. Se me cortó la respiración cuando el hombre poderoso de anoche entró en la sala y se sentó a la cabeza de la mesa. Cerré los ojos un segundo, preguntándome si estaba soñando o si mi cabeza me estaba jugando una mala pasada. Cuando los abrí, nuestras miradas se cruzaron durante un instante. Los dos nos quedamos claramente impactados. Pero enseguida él cambió a una expresión seria y profesional, actuando como si no me conociera de nada. «Esto no puede estar pasando…» Mi mente se volvió loca. Era él. No podía dejar de mirarlo. Seguía igual de guapo que recordaba. ¿Cómo olvidar esos ojos oscuros que parecían atravesarme? Mi mirada bajó hasta sus manos, que descansaban sobre la mesa. Esas mismas manos que me habían dado tanto placer. —Buenos días a todos. Soy Gabriel Storm, CEO de Storm Innovations. Bienvenidos a la primera reunión del concurso Storm Next Generation. La cabeza me daba vueltas. Gabriel Storm… Adrian Storm. Dios mío. El hombre que me dio mi primer orgasmo anoche, el que me besó, me tocó y me hizo deshacerme entre sus brazos… era el padre de mi novio. Se me cayó el estómago a los pies. ¿Qué coño había hecho?






