Evans
El silencio que cae sobre la habitación después de leer el mensaje resulta tan denso que incluso el sonido lejano de la lluvia parece desaparecer por completo. Durante un segundo ninguno de los dos se mueve. Isabella permanece rígida entre mis brazos, mirando el teléfono sobre la mesa de noche como si las palabras pudieran cambiar si continúa observándolas el tiempo suficiente.
Pero no cambian: “Sé que estás con él.”
Cinco palabras y nada más, y aun así bastan para alterar completamente e