Salimos tarde del hospital. Íbamos a dejar a Aarón a su casa, pero sus padres llamaron pidiéndonos de favor si podía quedarse hasta el día siguiente en nuestra casa. Tuvieron que salir y no regresarían hasta el día siguiente.
—¿Entonces tendremos pijamada? —bromeó Aarón.
—Sí —respondí un poco emocionada—. ¿Tienes algo en mente que podamos hacer?
—¿Aún tienes el Monopolio?
—Sí —lo saqué de mi armario y lo coloqué en la cama.
—¿Quieres apostar?
—No soy fan de apostar.
—No tiene que ser dinero, po