Era domingo por la mañana y aún sus padres no lo venían a recoger. Teníamos que terminar las tareas y estudiar para las lecciones, y que él siguiera en mi casa me distraía por completo. Nos sentamos en mi cama y mirábamos la televisión. No había buenos programas los domingos.
—No entiendo —dijo Aarón.
—¿A qué te refieres?
—Solo porque es domingo ¿la programación tiene que ser tan mala?
—Si fueras el dueño de los canales de televisión, ¿qué programación pondrías? —me reí ante su divertida postur