Mundo ficciónIniciar sesiónMe despierto con el corazón en las manos, buscando aire entre respiraciones agitadas. Me duele el pecho y siento que estoy temblando.
Ni siquiera el aire acondicionado puede aliviar este fuego de angustia y dolor que me provoca esa pesadilla, algunas noches. El estruendo de la cachetada me despierta, agitada. Aún se siente en mi mejilla, como aquella vez. Me siento en la cama y reviso el reloj. Apenas son las cuatro de la madrugada. Suspiro algo cansada, el día de ayer fue muy intenso, hoy solo espero que sea mejor que ayer. Tomo mi teléfono; hay algunas notificaciones del banco y otras de aplicaciones que ni siquiera recuerdo haber abierto. No es como que tenga tiempo para mí. Vivo en un constante círculo... Trabajo, casa, trabajo casa. En unas dos horas tengo que estar lista para ir a la empresa. Trabajo en una compañía muy reconocida por sus coches de lujo: The Crown & Lawrence Company. No era solo una fábrica de automóviles; ellos crean símbolos de poder y elegancia, legados que permanecen para siempre, alimentando la ambición de Cedric Lawrence, el heredero, de Crown. Ese maldito hombre que solo me ha hecho sentir odio y asco de mí misma. Ese desgraciado me tiene entre la espada y la pared. No puedo hacer nada; no puedo ser feliz, ni siquiera un instante. Ese hombre es como un demonio que me acecha, y cada vez que me ve sonreír, me susurra que debo ser infeliz, que no merezco alegría. Tal vez nadie entendería mi situación. No puedo hablar de esto con nadie, no si quiero conservar mi vida "estable". ¿Quién le creería a una don nadie que depende de otros para todo? Toca callar y entender que algunas personas nacimos para ser esclavos de los demás. Pero no seguiré lamentándome por mi vida. No sirve de nada. Mi día empieza algo relajado, le pido a Dios que me ayude a salir de este infierno, pero siento que no me escucha. Aún así lo sigo haciendo día tras días, pese a todo. Antes de ir al trabajo, me gusta escuchar música relajada mientras entreno en el gimnasio del edificio. No creas que gano para vivir tan cómoda como lo hago; no es así. Mi jefe, Cedric, él me obligó a vivir en este apartamento. Al principio me negué. Pero nadie me quiso rentar, no entendía porqué hasta que descubrí por sus propias palabras que gracia a su influencia podía hacer conmigo lo que quería y me obligó a mudarme aquí. Intenté dejar la empresa en más de una ocasión, pero nadie me quiso contratar. Me dejó claro que dañará tanto mi currículum, que terminaré jodida por el resto de mi vida y viviendo debajo de un puente, ya que nadie me rentará nada y nadie hará nada por mí, más que él, porque aún me tiene lástima. Me dolió escucharlo hablarme de esa forma en ese entonces. Aunque ya no duelen tanto como antes sus insultos o palabras descompuestas. Sigo atrapada en esta vida de miseria con lujos. Se me caen unas gotas de lágrimas. Estoy tan frustrada, pero de nada vale ponerse a llorar. Nada cambiará la miseria de vida que tengo. Nadie más que él, ha sentido lástima por mí, y está bien. Al final todo es mi culpa, por creer en un hombre como él. ¿Quién en su sano juicio creería en un hombre rico? Salgo del gimnasio para ducharme, tratar de tomar mi destino y ponerme en marcha a mis labores del día a día. Soy puntual en mi trabajo, nunca he llegado tarde en estos dos años que llevo en la compañía. Todos mis compañeros me halagan por lo mucho que trabajo, aunque no sé si es halago o burla. Cedric me hace trabajar hasta tarde, y aun así soy puntual. Aunque me parece muy extraño que haya faltado el día de hoy también. Supongo que es mejor así. Es mejor que tenerlo encima de mí todo el día, llamándome a cada instante y haciéndome perder el tiempo buscándole cualquier estupidez que necesite. No hace tanto me llamó solo para que le pasara un maldito bolígrafo que se le había caído... Yo estaba en medio de algo sumamente importante y ese bastardo, sin afecto natural...¡Arg! Me hizo ir a su oficina. Recordarlo aún me enoja. ** —Buenos días, señorita Elora. —Buenos días, Matteo. ¿Cómo te sientes hoy? —sonrío. Sí, soy buena fingiendo sonrisas. —Muy bien. Estás muy bonita en el día de hoy. —Sabes bien que es mi mayor defecto. —¿Por qué llamarle defecto, a tu mayor virtud?— me cuestiona. —Digamos que me hubiese evitado muchas cosas, si no fuera tan guapa, pero es lo que hay, debo aceptarlo. Entender que mi belleza es tan extraordinaria que no tengo cómo contenerla. Se nota mucho el sarcasmo en mis palabras y eso hace que él se ría. Saludo a los demás compañeros y sigo hasta la oficina donde trabajo sola. Cedric prácticamente me encerró en una oficina donde no pueda trabajar con nadie. Aunque no era así antes de él llegar aquí. Anteriormente, trabajaba con todos mis compañeros. Pero eso cambió hasta que él me hizo su secretaria personal con la excusa de que "soy muy buena en lo que hago y necesita gente así a su lado" pero rara vez me permite estar en su oficina. Generalmente estoy en mi lugar, sola. O cuando él entra para "trabajar"conmigo y hacerme sentir terrible. No hablamos mucho y rara vez me trata con decencia cuando abre la boca y estamos juntos a solas. Solo me habla bien si hay otras personas alrededor para seguir tapando su facha de ser humano mediocre. Aun así, después de tantos años, sigo enamorada de él, como una imbécil. Pero él no lo sabe. Él no sabe cuánto amor hay en mí para él y nunca lo va a saber. Moriré con ese secreto Él piensa que lo odio y que su presencia me repugna, es lo que le he hecho creer por estos años y gracias a ese pensamiento él me hace la vida imposible. Pero es mejor así, es mejor que me odie, porque yo nunca más confiaré en alguien como él. Tal vez es porque desde que regresó después de tanto años, solo me ha causado lágrimas y dolor. Me abandonó y nunca he olvidado que me usó para acostarse conmigo dejarme embarazada y dejarme pasar sola por tantos procesos. Él me odia y me odia mucho. No pierde tiempo para recordármelo y es chistoso, él una vez me juró amor eterno, me juró tanto amor que no cabía en mi pecho. Pero como cualquier hombre, solo mintió por un beneficio que me costó caro, supongo que lo sabe o tal vez no le importa. ¿Por qué le importaría mi dolor?






