Durante una hora, Alba ríe y se relaja con los comentarios y ocurrencias de Enrique, pero recuerda que debe volver a la empresa.
—Me temo que debo irme, se me hace tarde y debo resolver algunos papeles que me solicitó mi jefe.
—Oye no puedes dejarme ahora que le he tomado el gusto a la conversación.
—Me encantaría quedarme, pero…
—Vamos es que quiero que me acompañes a mi mansión, quiero mostrarte una decoración que he mandado a hacer a mi oficina y necesito una opinión de una mujer honesta