ALEXANDER
Vanessa bajó corriendo por la escalera.
Tenía el rostro pálido.
Llevaba solo la mitad del maquillaje puesto, como si hubiera estado preparándose para asistir a algún evento.
—¿A qué vienen tantos gritos, Alex? —espetó, intentando esconder el nerviosismo detrás de un tono irritado.
No perdí ni un segundo.
—¿Lo sabías? —rugí—. ¿Sabías lo que habías hecho? ¿Tienes la menor idea de lo que tus mentiras me han costado?
Vanessa se quedó paralizada.
Sus manos comenzaron a temblar mientras se