Mundo de ficçãoIniciar sessãoCapítulo 2
La furia me quemaba las venas... Tenía que confrontarlo. Marqué el número de Miguel. El tono sonó una vez, luego otra y otra... no hubo respuesta. Perdí la cuenta de las veces lo llamé, hasta que al fin escuché su voz. —Hola, Sarah —su tono era demasiado tranquilo, tanto que parecía una burla. —¿Dónde estás, Miguel? ¿Por qué diablos Emma se llevó a Joe del colegio sin mi permiso? —mi voz sonó tensa, amenazante. Él suspiró fastidiado. —Estamos cenando. No hay porqué dramatizar, Joe está bien, está conmigo. Soy su padre, Sarah. ¿Cuál es el problema de que la lleve a comer? Su tono fue déspota. A lo lejos escuché su voz, su risa escandalosa, Miguel estaba con Emma. Se atrevió a llevar a mi hija junto con su amante. Emma, mi prima, que siempre estuvo a mi lado y a quien consideré una hermana, está ocupando mi lugar, y Miguel, el hombre que tanto amé, el que hasta hace poco era capaz de bajarme el cielo si se lo pedía, no le importa el daño que me está haciendo todo esto. Una melodía inconfundible se escuchó de fondo. Era la banda Wess. Mis ojos se estrecharon. Wess tocaba solo en un lugar: el Restaurante "La Vie en Rose" El mismo lugar elegante, con sus luces tenues y su hermoso jardín de invierno, donde Miguel y yo celebramos nuestro quinto aniversario. La ironía me golpeó como un puñetazo en el estómago. Él estaba recreando nuestro momento con mi prima y nuestra hija. —Sé dónde estás —espeté, mi voz baja y cargada de resentimiento—. Voy para allá. Colgué antes de que pudiera responder y detuve el primer taxi que vi. —La Vie en Rose, por favor —le dije al taxista. Mientras el vehículo avanzaba en el tráfico los recuerdos de estos seis años de matrimonio pasaron frente a mí como un flechazo. Al principio, no sentía nada por David, para mi no era más que un matrimonio arreglado, pero él se fue ganando mi afecto con pequeños detalles y cuidados que hicieron que empezara a enamorarme. Es por eso que confié en él, no esperaba que me traicionara de esta manera y mucho menos con mi propia prima. Tomé el celular. Necesitaba un ancla, una confirmación de la realidad. Abrí la cuenta social de Miguel. Y allí estaba la prueba de su descarada hipocresía. Una nueva actualización, hace apenas diez minutos. 》"Hoy comiendo con mi preciosa hija." Debajo, los comentarios brotaban como maleza. »"Qué padre tan cariñoso". »"Es el hombre perfecto". »"No en vano es el dueño de Rosa Imperial". »"No solo es responsable en la sociedad, sino también muy dedicado a su familia". Una risa amarga se escapó de mis labios. "Preciosa hija". Si no fuera por promocionar su imagen o la de la empresa Miguel nunca la llevaba a salir. Yo siempre hacía malabares con mi trabajo para recogerla y dejarla en el colegio, la que leía cuentos por las noches, la que se desvelaba cuando Joe estaba enferma. Esa fachada de "padre ejemplar" no es más que una estrategia de marketing para la imagen de su empresa. El taxi se detuvo frente al restaurante. Pagué y bajé sin esperar el cambio... entré, sintiendo que la ira me había dotado de una fuerza inexplicable. Los encontré en una mesa apartada, justo al lado del ventanal que daba al jardín. Joe, mi pequeña niña estaba sentada con ellos, riendo mientras Emma le contaba algo. Me acerqué a la mesa, ignorando el murmullo de los comensales. Mis ojos estaban fijos en Emma, mi prima, la mujer a la que una vez consideré mi hermana. —Emma —dije, mi voz fue un susurro ahogado—. ¿Por qué te llevaste a mi hija sin consultarme? Ella se encogió de hombros, su sonrisa habitual, que siempre me pareció dulce, ahora me parecía burlona. —Quería llevarla al centro comercial y luego a cenar. No es gran cosa, Sarah. —No es tu decisión —repliqué, sintiendo el impulso de agarrar a Joe y salir de allí. Miguel se interpuso entre nosotras, adoptando ese tono de superioridad que ahora detestaba. —No seas dramática, Sarah. Emma adora a Joe, y Joe a ella. ¿No puedes ser un poco más comprensiva? —¿Comprensiva? —la palabra estalló dentro de mí. Mis ojos se fijaron en él, sintiendo el peso de los últimos meses. Almuerzos de trabajo que se extendían por horas, viajes inesperados de negocios, y la frialdad que se había instalado en nuestra cama hacía ya tanto tiempo—. ¿Vamos a hablar de comprensión, Miguel? ¿Quieres hablar de lo que es comprensivo? Miré a Emma de nuevo. Sabía que no podía tener hijos. Ella siempre había envidiado mi vida, mis logros, mi matrimonio y sí... a mi hija. Ella ya se había apoderado de mi marido. La vi sonreírle a Joe, acariciarle el cabello con una familiaridad que no le pertenecía y entendí el plan completo. Su próximo paso sería arrebatarme a mi hija. ¡No podía permitirlo! Y la puñalada final, la más dolorosa de todas, fue que Joe, al verme, no corrió a mis brazos. Se acurrucó un poco más cerca de Emma. Joe, la prefería a ella. Fue una herida que iba más allá del orgullo, hasta el mismo núcleo de mi maternidad. Esa noche, mientras regresaba a casa, tomé una decisión que cambiaría mi vida para siempre. No podía quedarme a ver como destruía todo. Tenía a recuperar lo que era mío. Cuando entré a la casa, Miguel ya staba sentado en el sofá. Lo miré fijamente. —Quiero el divorcio, Miguel —espeté, sin elevar la voz. No hubo sorpresa en él, ni dolor, ni un atisbo de súplica en sus ojos. Solo una aceptación inmediata que me dejó fría. —De acuerdo —respondió y se acercó a mí con su rostro inexpresivo. Lo que dijo después me dejó paralizada—. Pero la custodia de Joe se queda conmigo. Mi mundo se detuvo. Joe. Mi pequeña hija... ahora planeaba usarla en mi contra. —¿Qué diablos has dicho? —Lo que escuchaste. La custodia es mía —repitió, con una calma monstruosa—. Podrás visitarla, por supuesto. ¡Jamás! ¿Cómo podía él... el padre ausente, el infiel, el hipócrita de las redes sociales, atreverse a decir eso? —Eso no lo decides tú —le dije y me marché sin mirar atrás. Al día siguiente presenté la solicitud de divorcio y solicité la custodia. Me reuní con el abogado, presenté la evidencia que había recopilado. Los recibos del hotel que "los viajes de negocios" no podían justificar, los videos de las cámaras de seguridad que probaban su infidelidad, y las planillas de asistencia escolar que demostraban que yo, y solo yo, era quien recogía y dejaba a Joe en el colegio cada día. El abogado asintió con seriedad al revisar los documentos. —Señora, en estas circunstancias, y con la evidencia de su rol principal como madre presente, la custodia podría otorgársele a usted. Sentí alivio, el primer rayo de esperanza después de días de absoluta oscuridad. La victoria estaba cerca, tanto que la creí asegurada. Empecé a prepararme. Compré nuevos útiles escolares para Joe, los que tanto quería y sus juguetes favoritos. Fui a la pastelería y encargué el pastel de arcoíris que ella adoraba. «Pronto, mi pequeña, pronto estaremos juntas». Me pasé la tarde organizando su habitación. Joe ahora vivía con su padre en lo que un día fue "nuestro hogar", pero pronto estaría conmigo en casa de mis padres. Una semana después me llegó un sobre grande. Era el fallo provisional del juez. Lo abrí con ansias, esperando la confirmación de la justicia. 》Custodia provisional otorgada a Miguel Hans. Mi respiración se cortó. ¡Esto no puede estar pasando! ¿Por qué? Un dolor punzante me atravesó el pecho, la sorpresa y la decepción se fusionaron en un grito silencioso. ¿Cómo era posible que él lo obtuviera? Llamé a mi abogado de inmediato. —¡Se la dieron a él, la custodia se la dieron a Miguel! ¿Qué demonios pasó? —Señora, por favor cálmese. Él también presentó pruebas. Le envié un archivo a su correo. Le ruego que lo revise. El mundo se desmoronaba a mi alrededor. Aún en shock, abrí el correo. Un enlace de noticias de última hora. Leí el titular, y un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. 》El Grupo Cielo enfrenta problemas financieros, y sus acciones colapsaron hoy. Según fuentes cercanas, los fondos internos ya están agotados y corre riesgo de quiebra.






