capitulo 97. Una víctoria agridulce.
POV VANESSA:
La humedad del humo se me quedaba en las vías respiratorias, quemándome la garganta hasta no poder gritar más. Las llamas ya rozaban el techo, y el calor era insoportable: mi ropa empezaba a chamuscarse en los bordes. Me arrastraba hacia la reja con la mano izquierda, mientras la derecha se aferraba al abdomen, tratando de detener la sangre que no paraba de salir. Estaba a punto de rendirme cuando escuché pasos corridos en el pasillo, y luego un grito desesperado:
—¡Vanessa! ¡Aquí está! ¡Abran la puerta!
Era Lautaro. No sabía cómo había llegado hasta el sector de mujeres, pero lo vi a través del humo, con la cara desencajada de miedo, gritando a los guardias que corrían detrás de él. En segundos, una llave giraba en la cerradura y la puerta se abrió de golpe. Lautaro me cogió en sus brazos con cuidado, evitando la herida, y me sacó de la celda justo cuando un trozo de techo ardiendo se cayó donde yo estaba momentos antes.
—Vanessa, aguanta —me dijo, con lágrimas mezcladas