capitulo 81. El peso del silencio y la traidor.
POV VANESSA:
Entre gritos que se me rajaban la garganta le suplicaba a Lautaro que llegáramos de una vez al lugar. Mis hijos lloraban a mi lado, desconsolados y asustados al verme tan descontrolada, pero estaba perdiendo al amor de mi vida y no podía hacer nada para ayudarlo. La impotencia me carcomía las entrañas como un ácido, me hacia temblar de pies a cabeza, y cada segundo que pasaba se sentía como un siglo de tormento.
Leonardo yacía inconsciente entre mis brazos, su cuerpo flojo y frío como el de un muñeco roto. Su pulso era casi imperceptible cuando lo tocaba, un latido débil que se me escapaba entre los dedos y me desesperaba aún más. Hasta que por fin, después de un trayecto que pareció eterno, llegamos. Una casa de suburbio con fachada de antigüedad, de esas que parecen pertenecer a una abuela con muros de color crema desvaído, ventanas con barrotes de hierro y un jardín con flores silvestres que crecían sin orden, pero con una ternura que contrastaba con el infierno que