–¡Hablen! ¿De qué verdad están hablando?– levanté la voz, impaciente e irritado, con miedo de que Júlia realmente estuviera tramando algo con Carla.
–Helena– llamó Dália, encogida, y Júlia fue hasta ella y la tomó en brazos.
–Por favor, salgan, este no es lugar para pelear–
Miré a Dália, que tenía el rostro escondido en el cuello de Júlia, y miré a la propia Júlia, que desvió la mirada.
–¿Quién te crees para darme órdenes a mí y a mi marido? Yo soy la dueña de esta casa y no tú, ¡no eres más qu