–Yo… no quiero volver a casa… papá, ¿puedo quedarme aquí con Helena?– preguntó Dália, mirándome con sus ojitos de cachorrito.
Miré a mi hija, luego a Júlia que me observaba en silencio, ambas esperando mi respuesta.
Suspiré y caminé hasta ellas, agachándome al lado de Júlia y frente a Dália.
–Querida, sabes que necesitamos volver, allí está tu cuarto, tu cama, tus juguetes, y yo estaré allí contigo y nada te va a pasar, te lo prometo–
–¡Pero no quiero! ¡Quiero quedarme con Helena!– Dália se afe