Sebastian sintió como si aquellas palabras fueran cuchillas atravesando sus oídos y clavándose en su pecho. Su mano se cerró sobre el saco que sostenía, mientras un nudo se formaba en su garganta y sus ojos permanecían fijos en los ojos castaños de la joven frente a él.
Dalia lo vio quedarse en silencio e interpretó aquello como una aceptación de su parte; al fin y al cabo, él era el más interesado en mantener distancia de ella. Imaginaba que estaba tan feliz que se había quedado sin palabras y