Capítulo 29
Los frescos labios de Gabriel se posaron suavemente sobre mi frente.

Solo fue un instante.

Un gesto contenido y respetuoso, como el roce de una libélula sobre el agua, antes de retirarse.

—María, no me rechaces. Te demostraré con acciones que voy en serio —la voz de Gabriel sonaba profunda y agradable mientras me miraba a los ojos.

Mi corazón se aceleró.

Una sensación de conmoción, incontenible, atravesó mi interior.

Toda una vida en soledad, como una hoja a la deriva.

Excepto por mi hijo, nadie
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