—¡No es nada! —continué comiendo sin expresión alguna.
Después de terminar, dejé el tazón vacío sobre la mesa y miré a Gabriel arqueando una ceja —Gabriel, ¿qué es lo que realmente quieres?
—¿Te divierte esto?
—Si vas a matarme, hazlo de una vez.
Gabriel soltó una risa amarga —María, ¿podrías dejar de ser tan hostil como un erizo?
Me quedé callada. Pero mi mirada lo decía todo. Fría, burlona, despectiva.
Gabriel mostró una expresión resignada, se levantó y tomó los tazones vacíos —Descansa un po