Capítulo 27. Sin salida
"Isabella"
Por un momento, me sentí feliz y vengada. Pero, al cruzar la puerta de la casa de Augusto, me topé con la realidad pura y dura. Mi hermana tenía envidia de una relación que no existía. Yo vivía en esa casa como una compañera de cuarto que, por casualidad, dormía en la misma cama que el dueño. Aquel era el entorno de Augusto, su territorio. Yo era solo una compañía temporal. Lo único que delataba mi presencia era mi ropa en el vestidor. Todo lo demás era suyo, y yo no era nadie allí.