Capítulo 27. Sin salida
"Isabella"
Por un momento, me sentí feliz y vengada. Pero, al cruzar la puerta de la casa de Augusto, me topé con la realidad pura y dura. Mi hermana tenía envidia de una relación que no existía. Yo vivía en esa casa como una compañera de cuarto que, por casualidad, dormía en la misma cama que el dueño. Aquel era el entorno de Augusto, su territorio. Yo era solo una compañía temporal. Lo único que delataba mi presencia era mi ropa en el vestidor. Todo lo demás era suyo, y yo no era nadie allí.
Como para confirmar mi insignificancia, Augusto envió un mensaje avisando que llegaría más tarde. No pude evitar imaginar que había encontrado a otra mujer y la había llevado a otro apartamento. Claro que eso pasaría, tarde o temprano. Desde que me mudé aquí, Augusto llegaba a su hora todos los días, lo que significaba que tal vez aún no había encontrado una amante.
No debería sentir celos. Pero no pude evitarlo; me sentí abandonada y herida. En una actitud algo infantil y sin sentido, aun así n