Capítulo 12. Nada como una copa de champán
"Isabella"
Cuando entré en aquella casa, mis piernas temblaban. El clan Salvatore estaba reunido en la sala; parecían una pintura renacentista: todos eran hermosos, irradiaban poder y dinero. ¿Qué demonios hacía yo allí?
Sentía la mano de Augusto en mi espalda, su cuerpo cerca del mío. No sé cómo, pero sabía que, si salía corriendo, él me apoyaría. Era extraño, no nos conocíamos bien, pero confiaba en él, al menos en ese punto.
Tenía razón cuando dijo que una copa de champán ayudaría. Ya iba por la tercera y me sentía más ligera, más relajada.
Diana parecía ser la única con ganas de desenmascararme. La hermana de Augusto era una mujer guapa, parecía una modelo, elegante, pero con un porte arrogante. El único que parecía un poco más normal era el hermano mayor, César. Aun así, no me dejé engañar: si Augusto y Diana fueron criados para ser dueños del mundo, César, como primogénito, debía de ser igual. Apuesto a que solo sabía disimular mejor. Los padres de Augusto parecían simpáticos, p