ARIA
Me detuve en seco al verlos.
Seik estaba ahí, de pie con los brazos cruzados, con esa expresión impenetrable de siempre. Frente a él, Gema le sonreía con descaro, inclinando el cuerpo de una manera que dejaba claro que su interés iba más allá de una simple conversación. Una de sus manos descansaba sobre el brazo del Comandante, deslizándose con una familiaridad que me revolvió el estómago.
No podía oír lo que decía, pero no hacía falta. La forma en que sus labios se curvaban en una sonrisa