ARIA
Me dirigí a la reunión de las hembras con una sensación punzante en el pecho. Había intentado hablar con mi madre tantas veces sin éxito que la inquietud me carcomía. ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si mi padre me lo estaba ocultando?
Mis pensamientos oscuros se disiparon momentáneamente cuando Melia me interceptó en el camino con una sonrisa. Sentí cómo mi pecho se relajaba, como si su simple presencia me devolviera cierta calma.
—Hermana, ¿cómo estás? —preguntó con calidez.
Nuestra con