Fernando
—¡¿Fernando, mi vida?! Por favor, no vayas a cometer una locura —Suplica angustiada mientras salimos del elevador y rápidamente nos vamos acercando al stand de mi secretaria.
Una vez estamos allí, ella me toma del brazo para intentar tranquilizarme pero en estos momentos estoy que me lleva la fregada y nada más calmaría esto, partiéndole la cara al miserable que intenta seducir a mi esposa —¡A ese imbécil le enseñare que la mujer ajena se respeta! —Digo y doy un golpe en el stand.
—¿Y