Decidí pasear por las calles de París, por nada del mundo me perdería el exquisito capuchino que había tenido la oportunidad de probar cuando vine con Leighton a un viaje de negocios. Ese día me dejó sola y encerrada en la habitación del hotel, así que no soporté ni un minuto más de lo aburrida que llevaba allí dentro, y me escapé por el balcón que daba a la calle. Fue de locos, casi parecía spiderman saltando de balcón en balcón. Lo bueno es que logré disfrutar un buen capuchino con un pedazo