—Gracias —me acerco a tomar las toallas pero las aleja de mí, subiendo el brazo. —¿Pero que...
—Todo tiene su precio, ¿No? —lo miro sin entender —te las entrego pero primero tienes que darme algo a cambio.
—¿Qué cosa? —mi voz sale temblorosa.
Y es que cómo no estarlo si lo veo acercarse como una fiera a punto de devorar a su presa. Da dos paso hacia mí e instintivamente retrocedo, su sonrisa es cada vez más enorme, casi como la del gato de la película fantasiosa.
Ya ni sé lo que digo, estoy p