LA CARTA PARA LOS HIJOS

La pluma tenía tinta azul.

La misma tinta azul de la carta de Remedios, que era el color que Isadora había elegido desde adolescente sin saber por qué, y que ahora sabía que había heredado de alguien sin que nadie se lo enseñara.

La primera línea tardó media hora.

No porque no supiera qué decir. Sino porque era la primera vez que escribía algo que no era para un tribunal, no era para un acuerdo, no era para que alguien con autoridad lo validara.

Era para Lucía y Ernesto.

Para cuando necesitaran
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