Aurora no pudo contener su nerviosismo. Mientras caminaba por el pasillo del hospital, su corazón latía de forma irregular. Después de todo, hacía poco Alden la había invitado a almorzar. Pero ¿por qué ahora se sentía tan incómoda al respecto?
—¡No seas ridícula, Aurora! Ya estás casada.
Aurora repitió esa frase una y otra vez mientras subía al auto. Se sentó por un momento, respiró hondo y se llevó la mano al pecho. Instantes después, volvió a murmurar para sí misma:
—¡Recuerda! Ya tienes a Al