Habían pasado tres minutos desde que dejó a Eloise después de firmar el contrato, pero aún no había arrancado el coche. Sus ojos grises no miraban a nadie más que al hospital que tenía delante. Su mente estaba fija en la imagen de Eloise y en el hecho de que era la segunda noche consecutiva que ella pasaría en el hospital sin regresar a casa.
Exhaló con fuerza y apoyó la cabeza contra el asiento, desviando la mirada.
“No es que esté preocupado,” murmuró. “Entonces, ¿por qué demonios sigo aqu