Valentina despertó con el llanto de Isabella a las seis de la mañana.
Tres horas de sueño. Mejor que nada.
Se levantó del sofá donde se había quedado dormida. Todo su cuerpo protestó. Post-parto. Agotamiento. Estrés que había convertido sus músculos en piedra.
No importaba.
Levantó a Isabella. La alimentó mientras el sol comenzaba a filtrarse por las ventanas de Polanco.
Carolina ya estaba despierta, sentada frente a su laptop con una taza de café en la mano.
—Buenos días —dijo sin apartar la v