Evelyn
Me aparto de golpe de las piernas de Nathaniel. El contacto de sus manos todavía arde en mi piel cuando me levanto de su regazo y doy un paso atrás, acomodándome la ropa con torpeza. El corazón me late demasiado rápido para alguien que se supone acaba de casarse.
—¿Qué… qué haces aquí? —pregunto, más alterada de lo que quiero admitir.
Nathaniel me observa un segundo, como si estuviera evaluando cuánto decir y cuánto callar. No parece incómodo ni culpable.
—Vine a ver a Sebastian —respond