Sebastian
Salgo del coche antes de que el motor termine de apagarse por completo, el ruido del aeropuerto me envuelve de inmediato, veo gente caminando en todas direcciones, maletas rodando, voces que se mezclan en un murmullo constante que no logra acallar el ruido dentro de mi cabeza, ese que no se ha detenido desde su rechazo, desde su mirada fría que ahora parece seguirme incluso cuando no está cerca.
Camino hacia la zona de llegadas con las manos en los bolsillos, tratando de concentrarm