Capítulo 388
—No.

—¿Por qué decidiste llamarme? Rara vez lo haces. —La voz de Lisandro denotaba alegría.

—¿Acaso no puedo llamarte?

—¡Claro que sí! Siempre puedes llamarme, donde sea y cuando sea.

Las palabras de él hicieron que ella casi rompiera en llanto de nuevo.

—¿No te da miedo que Elena lo vea?

Preguntó
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