Patrick suelta un bostezo y se deja caer hacia adelante, apoyando su rostro sobre el brazo que acaba de dejar caer sobre la mesa. Yo lo miro con el entrecejo arrugado, extrañada ante el rumbo que está tomando la situación. Ya está sobrio, o al menos consciente, así que es hora de que vaya yéndose, no de que se acomode a ¿dormir? Toco su brazo, haciendo que levante su mirada hacia mí y como si acabara de adivinar lo que estoy pensando, dice:
—Dame cinco minutos, Camila. Cinco. Necesito...— Esper