Termino de empacar las cosas de Joaquín, las chicas me ayudan a bajar las maletas.
—Lamento esto, quedarán sin empleo de nuevo —me lamento con ellas.
—No se preocupe —responde Carmen—, cuídese, cuide al niño y ojalá que todos estos problemas pasen rápido.
—También lo deseo.
Voy al comedor donde veo que mi hijo aún no ha tocado la comida, acaricio su cabello y lo beso en la frente.
—Mi amor, ¿no te gusta la comida?
—¿Por qué tenemos que irnos? No quiero irme.
—Mi vida, esta casa es muy grande par