Bratt
¡Maldición!
No sé en qué estaba pensando cuando empecé considerar a Serena como pareja. Estoy cansado de tener que esperar por ella. Nunca le he rogado a ninguna mujer, por el contrario, son estas las que me buscan a mí. Entonces ¿qué hago mendigando cariño? Peor aún, sexo.
«No seas cabrón, todo esto es tu culpa», me recrimina la conciencia.
En parte me siento como un villano muy malvado por mi insistencia en retenerla a mi lado, aunque ya no estoy seguro de lo que siento por ella.
¡Joder