Mundo ficciónIniciar sesiónMaurício empujó la puerta con los nudillos, sin hacer ruido, y dejó que la penumbra de la habitación lo recibiera con el cálido aroma del vapor y del té recién preparado. La ventana entreabierta dejaba entrar una fina corriente de aire húmedo. La toalla extendida sobre una silla delataba una ducha apresurada. Sobre la mesita de noche, junto a un reloj detenido y una compresa ya fría, l







