Lila aún se tambaleaba, suave contra las sábanas, con las piernas abiertas, y el cuerpo entero marcado por las ondas de placer que Taylor le había arrancado con la boca. El corazón latía tan fuerte que parecía ecoar desde la habitación.
Taylor subió lentamente por su cuerpo, dejando un rastro de cálidos besos por el vientre, por el seno, hasta alcanzar sus labios. Besó a fondo, lento, dejándola probar su propio sabor en su boca.
Ella gemía, tirando de sus cabellos, perdida en el entumecimiento.