El silencio del cuarto, antes pacífico, había sido sustituido por una sinfonía erótica compuesta por el sonido de la respiración acelerada de los dos, los gemidos tapados de Lila y el retumbar ocasional de la cama que parecía protestar bajo el peso de su entrega. Cada segundo estaba marcado por el ritmo frenético de los corazones, pulsando al unísono, como si buscasen acompañar la cadencia del deseo que tomaba posesión de ambos.
Taylor la sostenía firmemente, manteniéndola acostada contra su cu