En cuanto James y Gabriel se alejaron, el aire dentro de la camioneta pareció volverse irrespirable. El corazón de Lila seguía latiendo desbocado, como si quisiera salir del pecho y huir de la vergonzosa escena que acababan de protagonizar. Dejó escapar un suspiro tembloroso, casi un sollozo contenido, y se dejó caer sobre el asiento del copiloto, cubriéndose el rostro con ambas manos.
—Dios mío... —murmuró con la voz apagada detrás de los dedos, sintiendo que todo su cuerpo ardía de vergüenza—