La madre inclinó ligeramente la cabeza, curiosa, esperando que su hija continuara. Lila respiró hondo y, esta vez, no intentó ocultar nada.
—Siempre pensé que necesitaba muchas cosas para ser feliz... ropa cara, viajes, fiestas, toda esa vida llena de brillo. —Sus dedos jugaron con el tenedor sobre el plato vacío, como si buscaran apoyo para ordenar sus propios pensamientos—. Pero entonces... cuando estoy entre sus brazos, todo eso deja de tener sentido. Solo sentir su calor a mi alrededor ya e