Las respiraciones aún resonaban por el establo, pesadas y entrecortadas.
Lila permanecía con la espalda apoyada contra la puerta de madera y las piernas enredadas alrededor de la cintura de Taylor, como si todavía no tuviera fuerzas para soltarse. Su corazón latía desbocado, y cada músculo de su cuerpo seguía vibrando con los últimos vestigios del placer.
Taylor la mantuvo allí durante unos segundos más, con el rostro hundido en el cuello de ella, respirando su aroma mezclado con sudor, jabón y