Antes de que Lila pudiera reaccionar, él sostuvo la tela rendida entre los dedos y, con un solo movimiento firme, rasgó la pieza, como si nada pudiera interponerse entre ellos. El sonido seco de la tela que se partió llenó el aire, arrancándole el aliento.
— ¡Taylor! — gritó Lila, entre sorpresa y placer.
Las piernas de Lila se debilitaron, y Taylor tuvo que aferrarse firmemente a sus muslos, levantándola contra la puerta con la fuerza bruta que solo él parecía tener. Su cuerpo tembló, su respi