Axael se levanta de la silla de ruedas y camina con una seguridad que me dan ganas de aplaudir, la mujer que permití que se sentara a mi lado y con quien me casé apenas viéndola levemente porque me parecía interesante, ahora tiene toda mi admiración.
— ¿No vienes? — pregunta mi esposa sonriéndome mientras continúa caminando.
— Claro que sí, a dónde va mi querida esposa, iré yo. Recuerda que soy tu escolta. — respondo y ella sonríe negando levemente.
— Eres todo un caso perdido.
— Si estoy perdi