Los pingüinos del zoo de Madrid son correctos.
Leo lo confirma en voz audible, de pie frente al recinto acuático, con la seriedad de alguien emitiendo un veredicto técnico después de una inspección rigurosa. Lleva cinco minutos evaluándolos desde el cristal. Los pingüinos nadan sin particular urgencia. Uno de ellos se queda parado en la roca mirando hacia el público con la expresión específica de los pingüinos, que es la expresión de quien está decidiendo si los que miran merecen ser mirados.
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