Amanezco a las siete y cuarto.
No con alarma. Solo con la luz del marzo de Madrid entrando por las persianas del dormitorio, que son las que nunca cierro del todo porque necesito saber cuándo empieza a haber luz fuera para saber cuándo puedo levantarme sin sentir que me estoy adelantando al día.
Esta mañana el día ya empezó sin que yo tuviera que adelantarme a nada.
Me quedo en la cama diez minutos mirando el techo.
Anoche Diego dijo: estoy enamorado de ti.
No lo dijo como quien está haciendo u