Capítulo 34

No terminaban de cortar el pastel y posar para la foto, cuando de la nada apareció Francesca.

―¡Maldita zorra, no te saldrás con la tuya!

Uno de los guardaespaldas se acercó a la mujer y la detuvo del brazo.

―Suéltame, imbécil ―gritó desaforada.

―Le ruego que se vaya, señorita, usted no tiene nada que hacer aquí.

―Yo debía estar aquí, yo debía ser la novia, pero

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