Mundo de ficçãoIniciar sessãoNo terminaban de cortar el pastel y posar para la foto, cuando de la nada apareció Francesca.
―¡Maldita zorra, no te saldrás con la tuya!
Uno de los guardaespaldas se acercó a la mujer y la detuvo del brazo.
―Suéltame, imbécil ―gritó desaforada.
―Le ruego que se vaya, señorita, usted no tiene nada que hacer aquí.
―Yo debía estar aquí, yo debía ser la novia, pero







