CAPÍTULO 153: SOLO BASTA UNA FRASE
Ricardo y yo vamos en el auto en silencio. Hay una extraña sensación de tensión en el aire, como si ambos quisiéramos decir algo que al final nunca sale.
Suspiro y miro por el espejo retrovisor al niño de diez años que está sentado ahí, mirando con curiosidad por la ventana. Ahora me doy cuenta de que me comporté como una estúpida inmadura, fui demasiado egoísta al enojarme con él por buscar un poquito de atención y afecto en Ricardo, que, aunque no es su padr