CAPÍTULO 152: INJUSTICIA
Ricardo y yo regresamos tomados de la mano al rancho. No puedo ni siquiera empezar a describir lo bien que me siento cuando todo está en orden entre nosotros. Sonrío con disimulo mientras él conduce. Cada vez que se detiene en los semáforos me mira de reojo con una media sonrisa que me derrite.
Ahora no puedo dejar de pensar en qué momento va a pedirme matrimonio. Anoche tal vez arruiné una oportunidad y saber que lo hará en algún momento eleva mi expectativa y mi ansie