CAPÍTULO 12: NO TE EQUIVOQUES
Mi corazón late a toda velocidad mientras Ricardo y yo avanzamos por el pasillo hacia el ascensor. Me lleva de la mano, con la frente en alto y el sacando el pecho; no le da vergüenza tenerme a su lado, no es como Leonardo, que cuando me veía aquí prefería hacer que no me conocía.
Nos detenemos en la puerta y él marca el botón de bajada. La puerta se abre y en ese momento salen algunas personas, luego de que el lugar se queda vacío, entramos. Las puertas se cierran