—Alex, yo puedo explicártelo —dije con la voz temblorosa, intentando calmar el torbellino de emociones que nos envolvía.
—¿Esmeralda, estás bien? —preguntó Perla, visiblemente preocupada al ver la tensión entre nosotros.
—Sí, estoy bien —le respondí rápidamente, tratando de mantener la compostura—. Puedes irte, Perla... Estaré bien.
Alessandro la miró con seriedad, pero su tono fue firme y sin rastro de amenaza. —No le haré nada, Perla —afirmó, y ella asintió, aunque con cierta duda, antes d